Inevitablemente, la llegada de los romanos a Catalunya provocó cambios importantes en la estructura social y en la explotación de la tierra. Las villas o casas de payés*1 pasaron a ser la base de una sociedad emergente en la que finalmente acabaron integrándose los íberos.
*1 campesino de Cataluña.
Santa Coloma se encuadró en el ámbito de la ciudad de Baetulo (Badalona), centro de desarrollo del comercio, la administración y el arte. Se calcula que debieron existir siete villas en el término colomense durante la época romana, la cual tuvo su momento álgido en los siglos I y II dC. Un horno, encontrado en la zona conocida popularmente como el Motocròs, una rueda de molino, diversos fragmentos de cerámica y, sobre todo, una tumba descubierta cerca de la masía de Can Zam son los restos arqueológicos más importantes de este período.
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| Termo romano en Baetulo (Badalona) |
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| Masía de Can Zam |
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| Muralla romana en Barcino (Barcelona) |
La decadencia del Imperio Romano, sus continuas crisis políticas, los ataques de los pueblos bárbaros (visigodos y árabes, entre otros) provoca nuevos cambios en la forma de la propiedad. La ciudad pierde importancia en favor de las villas. Los terratenientes emergen como la clase más poderosa, se hacen con grandes explotaciones agrícolas y consolidan el modelo noble —los señores ceden a los campesinos la explotación de sus propiedades a cambio del pago del impuesto— entre continuos sobresaltos (reconquista, robos, ataques de los sarracenos, etc.).
En el siglo XI la población total del término no pasaba de los 30 hogares o fuegos. Por cesión del conde Ramon Berenguer I 'el viejo', la gente estaba sometida al dominio señorial del obispo de Barcelona y, a partir del siglo XIII, de la Pía Almoina.
En el siglo XI la población total del término no pasaba de los 30 hogares o fuegos. Por cesión del conde Ramon Berenguer I 'el viejo', la gente estaba sometida al dominio señorial del obispo de Barcelona y, a partir del siglo XIII, de la Pía Almoina.
En la documentación de la época aparecen citados por primera vez apellidos de gran tradición local, como los Grony, los Pascali, los Carcereny o los Pallarès. La población tenía la consideración de lugar extranjero dentro del territorio de la ciudad de Barcelona, bajo la dependencia del Consell de Cent, con derecho de refugio en caso de peligro y con deber de contribuir a la edificación de las murallas (el año 1367 cada masía de Santa Coloma tuvo que aportar 24 sueldos).
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| Ramón Berenguer I 'el viejo' |
EL ORIGEN DEL NOMBRE DE SANTA COLOMA DE GRAMENET
Santa Coloma fue una víctima de la Marca Hispánica que a los diecisiete años fue asesinada por los romanos (274 dC) por sus ideales católicos. La mataron en Sens, a 60 kilómetros de París. Pues bien, en 1187 el obispo barcelonés Bernat de Berga consagró con el nombre de Santa Coloma una iglesia románica que se construyó en el espacio que en la actualidad ocupa la parroquia de Sant Josep Oriol. Siguiendo la costumbre de la época, alrededor del templo quedaron delimitados los límites del término administrativo del nuevo municipio.
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| antigua parroquia de Sant Josep Oriol |
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| tapiz de algodón en forma de cordero simbolizando a Jesucristo (localizado en la actual parroquia de Sant Josep Oriol) |
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| Interior de la actual parroquia de Sant Josep Oriol |
Surge así un pequeño lugar compuesto por algunas edificaciones que hoy forman parte del patrimonio histórico y artístico de la ciudad, como la torre Balldovina, el molí d’en Tristany (Molinet), o las masías de can Zam, can Calvet, can Franquesa y la Torribera. Al nombre de la iglesia se le añadió el topónimo del lugar —Santa Coloma de Gramenet—, que viene de “gram”, una hierba muy común y abundante entonces en los bosques de pinos, robles, encinas y viñedos que se extendían entre el río Besòs y las montañas de Sant Mateu, Mosques d’Ase y Sistrells. El término municipal colomense ha superado ya los 8 siglos de duración.
La torre de defensa más antigua, la torrassa —data del siglo XI y forma parte del conjunto que hoy conocemos como torre Balldovina—, se erigió en aquella época de grandes turbulencias en el principal emplazamiento defensivo, papel que cumplió durante mucho tiempo: en la guerra civil que enfrentó a los partidarios del rey Juan II con la Generalitat (1462-1472), una de las batallas más sangrientas se desató en sus alrededores (noviembre de 1471).
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| Imagen de la antigua Torre Balldovina |
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| Can Calvet |
Can Franquesa
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| Torribera |
En el siglo XII, el territorio fue de nuevo devastado a causa de las incursiones de los almorávides, a las que siguieron otras luchas entre árabes y cristianos. En el siglo XIV se pone fin a la invasión árabe y comienzan a aumentar las masías como núcleos divididos de la población. De esa etapa data la torre Pallaresa y, muy cerca, aunque fuera de los límites de Santa Coloma, se construye en 1416 el monasterio de Sant Jeroni de la Murtra.
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| Torre Pallaresa |
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| Interior de la Torre Pallaresa |
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| Monasterio de Sant Jeroni de la Murtra |
Entre los siglos XII y XIV se diversificaron los cultivos y se logró una mayor productividad agrícola. Además, su escasa importancia estratégica y militar —el poblado se encontraba aislado, alejado de las principales vías de comunicación— le permitió mantener una cierta integridad. Los campesinos, por ejemplo, tenían derecho a refugiarse tras las murallas de Barcelona en el caso de grave peligro. El cargo de los propietarios de las grandes masías fue otra constante de este período.
Catástrofes naturales, terremotos y epidemias asolaron Cataluña a lo largo del siglo XV. La rutinaria vida de los payeses colomenses quedó interrumpida por pestes continuas. Las calamidades no disminuyeron en los dos siglos siguientes, si bien las consecuencias para los habitantes de Santa Coloma fueron más leves, a causa, otra vez, de su aislamiento geográfico.
Tras la Guerra de Sucesión (1714) el número de habitantes aumenta de manera espectacular: de los 144 habitantes contabilizados en 1718, se pasa a 731 en 1787. Se abre una etapa caracterizada por un crecimiento moderado de la riqueza con la agricultura como principal motor económico. El pequeño núcleo urbano delimitado por las calles Major y Safareig crece en dirección a la montaña —los colomenses de entonces se refugiaban así de las crecidas del rio Besòs y de las enfermedades que provocaban las aguas estancadas— y se consolidó con el aumento de la población. La antigua iglesia románica fue sustituida por un templo barroco en 1761.
La tierra se mantiene en las mismas manos, pero con una novedad: las relaciones entre los propietarios y los campesinos ya no son de tanta dependencia como en la Edad Media. Aparecen figuras tan dispares como los masoveros (payeses que vivían en la masía y trabajaban en la propiedad del terrateniente) y los jornaleros. La agricultura atraviesa un momento de esplendor. A las viñas y plantaciones de cereales y hortalizas que colorearon el paisaje desde siempre, se unen ahora productos como el cáñamo y el lino, que florecen en las lagunas cercanas al río.



















